Monday, June 25, 2007

Crónica de la Copa de Oro

Las llamadas telefónicas se cruzan para organizar la carne asada familiar se intercalan con los anuncios que indican la cuenta regresiva del partido final de la Copa de Oro 2007 donde se enfrentarán México-USA. En los vestidores, con el mismo frenesí, la selección mexicana y la estadounidense se preparan. Desde el siglo pasado México no derrota a EU en futbol.
Comienza la ceremonia de los himnos. Aquí sí no nos podrán ganar nunca. Esa bandera tricolor con nuestra historia grabada ondea orgullosa y oronda donde la pongan. El águila y la serpiente, en la bandera, en las monedas, en el rostro, en el alma. En el Campo del Soldado (Chicago), Joseph Blatter saluda a los jugadores, que la cortesía es primero.
Hay espacios vacíos en las tribunas, aunque en los presentes hay más simpatizantes verdes que azules. El himno nacional mexicano extiende sobre el campo una alfombra de patriotismo. Festivo, alegre, banderas, sombreros, trompetas. Todos cantan efusivos. Luego el de USA, tan solemne, tan clásico, algunas banderas, algunos cantan. Se perfila ahí otra diferencia de temperamento. Quizá el mismo sentir pero en definitiva otra forma de vivirlo y de expresarlo.
Anuncian las alineaciones. Hay una gran diferencia de talla. Sánchez, Osorio, Magallón, Bautista, Castillo, Guardado; Donovan, Bocanegra, Clark, Dempsey, entre otros.
La selección de Hugo Sánchez necesita entregar su mejor partido. Estados Unidos, campeón defensor, tiene un tipo de juego más europeo.
El árbitro guatemalteco Batres espera que la familia esté sentada frente a la televisión y justo cuando se han servido las botanas, el destape de las cervezas coincide con el silbatazo inicial. Todos a nuestras posiciones.
Una tempranera llegada de Jared por la izquierda arranca los gritos de la familia, vecinos y demás. Estados Unidos gana balones. Juegan más abiertos. Se marca la diferencia de estilo y ritmo cuando los gringos tienen la pelota. Ellos no tienen prisa, están en casa y se saben seguros.
Otra llegada, de Neri. México se muestra nervioso. Castillo impone velocidad. Para el minuto catorce, México tiene varias llegadas a la portería contraria. Dos minutos después, una llegada de USA. Ambos juegan con dos líneas de cuatro con dos hombres arriba.
Rafa Márquez intenta un gol de campo al minuto veinticuatro con la mala suerte de no haber sido informado que aunque esté en USA no está jugando futbol americano. El obvio contraataque los pesca descuidados. Minutos después, Pavel Pardo cobra una falta y la pelota se va de lado, como ocurre a veces que la pelota se va por la banda en los juegos de boliche. ¡Hay que decirles que se trata de futbol! Alguien haga algo.
Hugo, vestido en rosa mexicano, aparenta tranquilidad. Escogió un color intenso y singular como el espíritu mexica. Supongo que ahora comprende que no es lo mismo ser campeón con el Realmadrid que ser técnico; hablar desde el asiento de su casa y prometer campeonatos que estuvo muy lejos de conseguir.
Neri Castillo avanza, pase para Guardado. El primer gol señala el camino de la esperanza y da permiso a la familia para celebrar. Comentarios de medio tiempo. Todos, campeones del control remoto y poseedores de la verdad absoluta. Las exageraciones instalan lo mismo halagos que improperios. Los niños buscan su psp, las niñas colorean cuentos de princesas.
Empieza el segundo tiempo. La danza del balón sigue su curso. La generosidad del pueblo mexicano se patentiza: regalamos un penalti y con ello el empate. Osvaldo dirige sus esfuerzos a la derecha, el 10 villano de siempre, Donovan, se anota un 10. La familia apuesta al tiempo extra. Las cervezas ya están frías lo mismo que los ánimos de mis acompañantes. Cala el gol. El empate sabe a derrota. Los hielos se derriten en las bebidas como el ánimo de los jugadores. Las botanas se terminan en los platos, como se acaba la ilusión. Sólo van quedando las migajas.
Un cabezazo mutuo, mientras ambos jugadores perseguían en balón paraliza la escena. Es una metáfora dulce de cuando seguimos las metas. Solemos tropezar con quien persigue lo mismo y a veces ninguno alcanza lo que pretendía.
Un gol de Benny Feilhaber en el minuto 73 llega cargado de silencio para todos, hasta para la bebé que deja de llorar.
El marco de la portería de Osvaldo es un jugador disfrazado. Desvía dos buenos intentos de la ofensiva estadounidense y la matanza se queda en 2-1. Cuauhtémoc Blanco y Bautista entran en los últimos minutos. ¿Porqué no antes, Hugo? Prerrogativas que se volverán preguntas para toda la semana. Respuestas que serán disculpas disfrazadas de pretextos. El Bofo tuvo un claro intento. Cuatro minutos de compensación que no sirven de mucho. La familia se levanta de la sala de televisión, seguirán su domingo y olvidarán lo pasado, como todos los mexicanos. Total, el próximo miércoles ya tendrán un nuevo pretexto para juntarse, el partido México-Brasil, volverán a llenarse de esperanza. A creer, a ponerse la verde, a, como dicen todos, jugar nunca y perder como siempre.
Hoy jugamos, decimos en un plural incluyente; pero perdieron en singular excluyente. Sostenemos el dedo índice sobre quien vestido de rosa mexicano tendrá que volver en rojo bermellón. A ver si ya entendemos que en los partidos y en la vida no se gana a base de intentos, sino de goles y aciertos. Hugo queda en silencio pudiendo decir tanto en el idioma que aún no ha aprendido a conjugar.

NHR;Junio 25 de 2007

Sunday, March 18, 2007

Duele

Duele
no
querer
vivir.

Duele
más
no
saber
morir.

Hinojosa; Marzo 17 de 2007

Vivo

Vivo
porque
es
la
única
manera
de
morir.

Hinojosa; Marzo 17 de 2007

Wednesday, February 14, 2007

Volver a verte

Ayer te vi. Iba en mi coche, tú caminabas por la calle. Me pasé en ámbar por seguir tus pasos. Una mezcla violenta de miedo, desconcierto y alegría se alojó en mi pecho. Se me llenaron los ojos de lágrimas y la garganta de silencio. Toda saliva se fue de mi boca y todo aliento abandonó mis pulmones. Llevabas la misma ropa con la que te vi por última vez, ese, tu uniforme de guapo, como tú le decías.

Entraste a una zapatería ¿Tú, comprando zapatos? Me estacioné para no perder detalle de tus gestos. Pensé que te había confundido con alguien más, pero el tic que aparece en tu mejilla cuando gastas dinero en cosas innecesarias, tacaño irredimible, me confirmó que eras tú.

El momento ameritaba un cigarro. Busqué en mi bolsa, desviando la mirada de tu figura. Al volver la vista a la tienda, ya no estabas. Pregunté por ti, dijeron que no esperaste ni la feria y que aunque parecía que tus pies eran más grandes pediste un número más chico y te quedó perfecto. Me indicaron por donde te fuiste. Di varias vueltas a la manzana pero no pude encontrarte. Tal vez tomaste el primer taxi que viste. Tal vez cruzaste la calle.


Un encuentro común, nada digno de comentarse. Te veo, te pierdo de vista y de ello no hay nada rescatable. Así es y así sería, si no fuera porque hace un año, cubierto de nardos, en aquel cementerio te dijimos adiós, enterrándote descalzo.

Hinojosa; Febrero 14 de 2007



Thursday, February 01, 2007

Vuela, vuela, vuela...

La semana que estuviste de visita se esfumó del calendario como el fijador de los perfumes baratos.
Desde mediodía comencé a buscarte para aprovechar el tiempo esa última tarde que podíamos compartir en mi ciudad.
Haciendo malabares entre el trabajo y la rutina, cinco días no habían bastado para sacarle jugo a tu intempestivo viaje y aún nos quedaban muchas cosas por hacer.
Todavía tenía planes para llevarte a recorrer mis sitios favoritos, ir a comer y que probaras algunas de aquellas cosas que te había comentado en Madrid, presentarte a mi madre, a mis amigos más íntimos, retomar aquella conversación pendiente, regalarte música.
Más de veinte veces te marqué pero no pude encontrarte.
Tenías mi número de celular y tú podías buscarme mas no sé porqué no lo hiciste, porqué esperaste tanto tiempo, dejando en manos ajenas el final de nuestro reencuentro.
Tú me esperabas a mí, yo aguardaba por tu llamada, pero ignorábamos cómo las líneas de nuestros destinos eran trazadas: convergentes estuvieron y de nuevo la divergencia dominaba hasta convertirlas en paralelas intactas.
Sin llamada de por medio, decidí aventurarme y buscarte donde te hospedabas.
Eran las siete y cuarenta cuando por fin te encontré y tu avión salía a las nueve y media.
A esas horas, Gonzalitos, Constitución y Ruiz Cortines no eran siquiera una opción.
No sabía por donde irme desde Valle Verde hasta el aeropuerto y pretendiendo tomar un atajo opté por la ruta equivocada. Pecaré de inexperta, pero iba bien intencionada.
Hice más grande mi error gastando el poco tiempo que nos quedaba hablándote de la mala vialidad, de las horas pico, de los segundos pisos en las avenidas, de mi ciudad con sus muy bellas montañas y te quejabas del clima y de todo y de nada.
El Cerro de la Silla recordó que era anfitrión y se portó maravilloso dándote un excelente paisaje como despedida cuando para recibirte ofreció un domingo nublado.
Al llegar a Miguel Alemán manejé a ciento veinte kilómetros por hora comprobando que la velocidad y la prisa no son algo que yo disfrute. Muerta de miedo y sumida en la responsabilidad de llevarte a tiempo, recorrí lo que restaba del camino en silencio.
Se volvió a marcar, en la palma de mi mano izquierda, el callo que tengo de lo tensa que me pongo al manejar.
En mi coche sin clima, sentía el sudor, de nervios y calor, bañando mi espalda y la tensión en mis piernas, en mis brazos, en mis nalgas.
Llegamos al aeropuerto justo a las nueve de la noche, con el tiempo exacto para bajar tu maleta y dejarte en la herradura exclusiva para bajar pasaje.
Quería una despedida cinematográfica, un beso tierno en los labios -como el que me diste tres años antes en Barajas- un abrazo cálido y hablarte de nuevo de mis buenos deseos para la consolidación de tus planes, agradecerte la visita y que supieras que para mí eres importante.
Pero nada, el tiempo cobra los errores, toda cobardía tiene consecuencias y muy apenas si nos dijimos adiós.
No hubo abrazo ni contacto físico alguno, pues tenía mi cuerpo, desde la frente hasta el tobillo, tenso y cubierto de agrio sudor.

Hinojosa; Mayo de 2006

Código Postal

Todo es momentáneo excepto recordarte.
Amarte ha sido un filtro cruel
bajo el que todas las demás
han tenido que tamizarse.
Perfecta y etérea; sutil e inalcanzable.
Si alguien canta, tú ya cantaste.
Lo que cualquiera haga
tú lo inventaste.
Caigo vencida en lágrimas
al recordarte.

Vuelve siempre la gran pregunta
cual flagelo para martirizarme.
Yo, tan determinante
la más trascendental decisión de mi vida
se la dejé al destino.
Por valiente: por cobarde.

No querías hablar conmigo.
Imposible buscar un encuentro.
Era nula la opción de acercarme.
Pero no podías impedir que te escribiera.
Con eso debía bastarme.
Armada con las letras
tenía un recurso insuperable.
No debía darme el lujo de equivocarme.
Así que me senté a escribir
y más que eso confesarme.

La situación emotiva
predominaba sobre cualquier técnica narrativa.
Hojas y hojas de sentimientos, explicaciones
intenciones, oportunidades.
Escúchame. Entiéndeme. Perdóname.
Volvamos a intentarlo.
Te espero a tal hora en tal sitio.
Ese era el mensaje.
Releí la carta mil veces
hasta transparentarme.

Una idea vino a mi mente
sin todavía hoy
poder explicarme.

Cambié de opinión de pronto
en un brusco giro
que gobernó ese momento
y con ello todos mis instantes.

Sí.

La volvería a escribir
mas esta vez
con diferente intención y descenlace.
Escúchame. Entiéndeme. Perdóname.
Que te vaya bonito.
Tal era el nuevo mensaje.

Las dos cartas
en peso y tamaño
eran similares.
Conseguí sobres de opalina
exactamente iguales.
Las rotulé con el mismo cuidado
para no poder diferenciarles.
Una vez terminado esto
en las dos puse
mis iniciales con lacre.

Caminé hasta el correo
jugando con las cartas
como si fueran dos naipes.
Dándoles vuelta constantemente
para no poder identificarles.

Una carta en cada mano.
Ambas sobre el mostrador.
La primera que tomó el empleado
fue directo a tu buzón.
La otra la destruí
sin la menor compasión.
Diez mil pedazos dispersos
metaforizando mi corazón.

Vivo con la duda cosiéndome un grito en los labios.
La cobardía pasa factura.
Eternamente incompleta.
Nadie ha podido llenar tu espacio.
La valentía recoge los daños.
Voy, con esperanza
a buscarte mes tras mes
en el lugar señalado.

Tengo tu ausencia por respuesta
pero no me resigno a aceptarlo.
¿Cómo saber cuál recibiste?
¿Qué mensaje llegó a tus manos?
Las mismas preguntas vuelven,
aún después de catorce años.

Hinojosa; Noviembre de 2005

Wednesday, January 31, 2007

Hastío

Me despertó la alarma pero me negué a hacerle caso. Después insistió un mensajito en el celular. Los sonidos invitaban a sumarme a la vida. Pero no tenía ganas. Amanecí harta de todo. Harta. Harta hasta rabiar.

Harta de recibir mensajes en el celular. Harta de responder. Harta de bañar mi cuerpo con agua caliente. Harta de vestirme con la misma ropa de trabajo. Harta de usar mis botas. Harta de buscar una gorra. Harta del café con leche por las mañanas, esta vez no me supo a nada.

Harta de las noticias en la tele. Harta de la violencia. Harta de los llamados por la paz. Harta del reloj en la escalera que me recuerda mi prisa y mi tiempo mal empleado. Harta de ser puntual. Harta del tráfico. Harta de los vendedores en los cruceros. Harta de casi chocar con un camión urbano.

Harta de abrazar amigos. Harta de hacer planes. Harta del sol. Harta de la comezón en la piel. Harta de mis anteojos sucios. Harta de batallar para estacionar el coche. Harta de buscar un sobre para enviar una carta. Harta de no poder imprimir porque se acabó la tinta.

Harta de la tela y las hilazas de bordar. Harta del tejido. Harta de buscar hilos. Harta de dar raid. Harta de comer. Harta de fumar. Harta de tomar una siesta. Harta de trabajar en una maqueta que aún no puedo terminar. Harta de no concretar las cosas. Harta de tener compromisos.

Harta de no tener tiempo. Harta de saberme capaz pero no avanzar. Harta de hablar por teléfono. Harta de ser discreta. Harta de contar chismes. Harta de estar contenta. Harta de estar triste. Harta de tener calor. Harta de tener frío.

Harta de meterme en muchas cosas. Harta de esperar un mail. Harta de mirar aparadores. Harta de esperar gente impuntual. Harta de leer textos de mis compañeros. Harta de armar el programa de mis clases. Harta de no actualizar mi blog. Harta de respirar. Harta de no cenar.

Harta de vivir. Harta de soñar. Harta de existir. Harta de fracasar. Harta de proponer. Harta de provocar. Harta de asumir consecuencias. Harta de escribir. Harta de sumarme a esfuerzos. Harta de apoyar ideas. Harta de permanecer al margen. Harta de callar. Harta de gritar. Harta de mí.

Harta de tener conciencia. Harta de no saber dónde estoy. Harta de deber tanto. Harta de agradecer. Harta de maldecir. Harta de agradar. Harta de la edad. Harta de la incertidumbre. Harta de las costumbres. Harta de la ansiedad. Harta de rascarme la cabeza hasta llenarme las uñas con sangre de mis heridas. Harta del insomnio. Harta de las noche. Harta de los días.

Harta del hartazgo de hartarme con mi hastío.
Hinojosa; Enero 31 de 2007

Saturday, December 09, 2006

Por eso y muchas cosas más...

Porque este año ha sido intenso, empecé construcción nueva y sigo con varios proyectos en papel y en maquetas.
Porque leí en la Feria del Libro algunos de mis cuentos y me sentí muy feliz.
Porque sigo escribiendo, viviendo, leyendo, creando y respirando.
Porque no tuve boletos para ver y escuchar a Intocable y a Shakira pero fue una sorpresa deliciosa presenciar la fuerza del destino de Ana Torroja y la caleidoscópica propuesta de Joaquín Sabina por partida doble.
Porque hay nuevos nombres en mi agenda y ausencias que duelen sobre todo en estos días de lluvia intermitente.
Porque aprendí recetas nuevas, cocinar pesto, conejo al ajillo, marlin a la cerveza, tiramisú y hasta tengo un delantal al que no le he bordado mis iniciales.
Porque tuve reencuentros gratificantes.
Porque veo a mi madre avanzar y reponerse recuperando su alegría.
Porque existe el lejano recuerdo, el momento presente y la nada del futuro.
Porque hubo despedidas que venían en combo con su carga de aprendizaje.
Porque he llorado con dolores ajenos y comprado broncas que no me correspondían.
Porque he reído con ganas y me he carcajeado que ha sido una delicia.
Porque sigo siendo fascinante y modesta.
Porque a veces me he sentido perdida en medio de tantas cosas que me abruman.
Porque nadie compra corazones rotos los martes de mercado.
Porque la música ha dejado espacio también para los silencios.
Porque quiero y necesito darles un abrazo y recibir el suyo en correspondencia.
Porque sus pupilas siguen siendo el claro espejo que me identifica.
Porque la ensalada de mis emociones ha sido aderezada con múltiples vinagres y postres exquisitos.
Porque podemos compartir un ponche calientito.
¿Porqué no?

Por eso y muchas cosas más...ojalá. Ojalá. Ojalá.

Hinojosa; Diciembre de 2006

Wednesday, December 06, 2006

Escribo

Escribo y cuento cosas.

Escribo e invento otras.

Escribo y revivo historias.

Escribo e inmortalizo memorias.

Por eso me dejaron.

La mejor frase hasta ahora.

Hinojosa; Diciembre 2006

Encuentro

El universo entero
derramó confeti
sobre mi lacio transcurrir
cuando en el inmenso muro de mi nada
irrumpieron encantadores
los verdes vitrales de tu alma.


Hinojosa; Diciembre 2006